“Literatura”, “historia” y “filosofía” son palabras amigas para quienes nos dedicamos al estudio de las “Humanidades” (buscad esta palabra en la RAE...)¿He dicho palabras amigas? Sí, hasta que nos detenemos a pensar, realmente, en el valor y sentido de las mismas.
“Literatura”, “filosofía” e “historia” son, desde mi punto de vista, esas etiquetas que empleamos para definir unas disciplinas que consideramos perfectamente delimitadas y que muchas veces nos empeñamos en separar y hacer como que no se conocen. ¿Dónde acaba lo literario y dónde empieza lo histórico? ¿Cómo diferenciamos un texto “literario” que trata sobre “lo real” de un texto filosófico cuya principal preocupación es el concepto de realidad? ¿Resulta sencillo señalar los límites de estas dos disciplinas? Mi respuesta es no y, de hecho, a veces no sólo es imposible sino perjudicial.
Vamos con tres ejemplos (La Declaración de Independencia de los Estados Unidos, La Biblia y Hamlet):
La Declaración de Independencia de los Estados Unidos es un texto que todo el mundo catalogaría como histórico. Pues resulta que también se estudia en las clases de literatura norteamericana como obra literaria que ha sido influyente en el desarrollo de la literatura de este país. Es más, ese documento es una declaración de principios, un resumen de pensamiento, por lo que se podría estudiar como obra filosófica.
Respecto a La Biblia, un texto que a lo largo de los años se ha considerado como histórico, es ahora una de las obras que se recomienda como lectura fundamental para comprender los mitos y temas recurrentes en la historia de la literatura (y seguro que algunos también lo utilizan como una forma de comprender un determinado tipo de pensamiento y comportamiento humano)
Hamlet, por último, es una de las obras canónicas de la literatura occidental. Casi nadie discute su valor literario (sin entrar en valoraciones personales de la obra), ¿pero no es su “ser o no ser” la manifestación de un conflicto existencial que ha ocupado a la humanidad desde el principio de los tiempos? ¿No podríamos utilizar su monólogo para una clase de filosofía?
Está claro que el límite entre estas disciplinas no es fácil de definir. Si encima metemos en todo este batiburrillo el estudio de obras personales (cartas, diarios, autobiografías…), ¿dónde está el límite?
Me detengo en esta pregunta con un “continuará”, a la espera de vuestras opiniones... y os dejo un vídeo que no viene al caso, pero que os hará reír, seguro.
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