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January 4, 2011

Sobre la literatura, la filosofía y la historia II

(Continuación de entrada anterior...)

Las cartas, los diarios y las autobiografías muchas veces narran acontecimientos históricos y son material de primera mano para conocer acontecimientos que algunos historiadores sólo han registrado en forma de crónicas. Los expertos se han servido de materiales de esta naturaleza para abordar acontecimientos de gran relevancia y así conocer cómo se sentían los ciudadanos que vivieron en distintas épocas y fueron testigos de algunos eventos. Estos textos, a su vez, se caracterizan a veces por un estilo profundamente “literario” (y subjetivo) por lo que también tienen cabida en el ámbito de los estudios literarios. La crítica los analizará entonces desde un punto de vista estético y formal. También habrá, finalmente, quien vea en ellos un ejemplo de pensamiento de una época determinada, por lo que podrían llegar a tener cabida en el campo del estudio filosófico. 

En este punto me parece relevante detenerse a reflexionar sobre un aspecto muy importante del papel de la literatura juega en los estudios históricos. La literatura ha sido utilizada, en muchas ocasiones, para dar voz a aquellos que no cabían en la historia oficial. No pudiendo escribir su Historia por no tener acceso al poder, fueron y son muchas las minorías que se vuelcan en la literatura para reivindicar su propia historia.   De este modo, frente a los discursos oficiales, surgieron y surgen textos que siendo en muchos casos aparentemente ficticios han servido para abordar aspectos de la historia que se habían marginado de un discurso principal dominante. Con los años, los discursos dominantes han ido incluyendo –especialmente desde la segunda mitad del siglo veinte, gracias a corrientes como el feminismo o el poscolonialismo– voces que habían sido marginadas; voces que se sirven de la literatura para reivindicar su espacio. De este modo, la literatura sirve a veces como punto de partida para indagar, más adelante, en la historia de esos pueblos o grupos sociales.

Todo está escrito desde una perspectiva, ya sea la historia oficial, la historia marginal, el Manifiesto Comunista o el relato de ciencia ficción. Soy consciente de que esta posición puede resultar demasiado extrema y complicada, pues puede resultar difícil encontrar un punto medio donde aprender a discernir entre lo real y lo ficticio. Sin embargo, creo que percibir estas disciplinas como complementarias, resulta mucho más enriquecedor intelectualmente que la separación de las mismas. Ampliando horizontes y dando cabida a otras voces, no podremos alcanzar una objetividad universal, pero sí podremos ver las distintas caras de la verdad, lo cual encuentro mucho más provechoso que adoptar una postura inamovible e indiscutible en la que no quepa más que un punto de vista. Al fin y al cabo, y como decía Raja Rao en su libro The Serpent and the Rope*: “Truth is a question of perspective”.


*Novela que, por cierto, se ha analizado desde un punto de vista literario pero también filosófico. 

December 21, 2010

Sobre la literatura, la filosofía y la historia

Literatura”, “historia” y “filosofía” son palabras amigas para quienes nos dedicamos al estudio de las “Humanidades” (buscad esta palabra en la RAE...)¿He dicho palabras amigas? Sí, hasta que nos detenemos a pensar, realmente, en el valor y sentido de las mismas.
“Literatura”, “filosofía” e “historia” son, desde mi punto de vista, esas etiquetas que empleamos para definir unas disciplinas que consideramos perfectamente delimitadas y que muchas veces nos empeñamos en separar y hacer como que no se conocen. ¿Dónde acaba lo literario y dónde empieza lo histórico? ¿Cómo diferenciamos un texto “literario” que trata sobre “lo real” de un texto filosófico cuya principal preocupación es el concepto de realidad? ¿Resulta sencillo señalar los límites de estas dos disciplinas? Mi respuesta es no y, de hecho, a veces no sólo es imposible sino perjudicial.

Vamos con tres ejemplos (La Declaración de Independencia de los Estados Unidos, La Biblia y Hamlet):

La Declaración de Independencia de los Estados Unidos es un texto que todo el mundo catalogaría como histórico. Pues resulta que también se estudia en las clases de literatura norteamericana como obra literaria que ha sido influyente en el desarrollo de la literatura de este país. Es más, ese documento es una declaración de principios, un resumen de pensamiento, por lo que se podría estudiar como obra filosófica.

Respecto a La Biblia, un texto que a lo largo de los años se ha considerado como histórico, es ahora una de las obras que se recomienda como lectura fundamental para comprender los mitos y temas recurrentes en la historia de la literatura (y seguro que algunos también lo utilizan como una forma de comprender un determinado tipo de pensamiento y comportamiento humano)

Hamlet, por último, es una de las obras canónicas de la literatura occidental. Casi nadie discute su valor literario (sin entrar en valoraciones personales de la obra), ¿pero no es su “ser o no ser” la manifestación de un conflicto existencial que ha ocupado a la humanidad desde el principio de los tiempos? ¿No podríamos utilizar su monólogo para una clase de filosofía?

Está claro que el límite entre estas disciplinas no es fácil de definir. Si encima metemos en todo este batiburrillo el estudio de obras personales (cartas, diarios, autobiografías…), ¿dónde está el límite?

Me detengo en esta pregunta con un “continuará”, a la espera de vuestras opiniones... y os dejo un vídeo que no viene al caso, pero que os hará reír, seguro.



December 15, 2010

"20 lecturas que han marcado tu vida" - 1, 2, 3... responda otra vez

Aquí va un listado de esos libros/textos/poemas que te acompañan siempre. No sólo los de la edad adulta, sino esos que no olvidas cuando sale una conversación sobre las lecturas de infancia. En un principio la idea era escoger 10, pero como me costaba elegir... lo he aumentado a 20.

1. The Magus, John Fowles (indiscutible número 1, el resto ya no tienen un orden concreto)
2. No Fixed Address, Aritha Van Herk.
3. La metamorfosis, Frank Kafka.
4. 1984, George Orwell.
5. Shakespeare, así, en general.
6. El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez.
7. La insoportable levedad del ser, Milan Kundera.
8. La colección de libros de "El Barco de Vapor", de la serie blanca a la roja, enterita  (quizá Querida Susi, Querido Paul sea digno de destacar entre la multitud).
9. Ana Karenina, León Tolstoi (leerla fue un reto y creo que quedé traumatizada después de aquello).
10. La poesía de Miguel Hernández, como ya comenté en otro post.
11. Luna de Lobos, de Julio Llamazares.
12. La voz dormida, de Dulce Chacón.
13. Mujercitas, de Louise May Alcott, sobre todo el personaje de Jo, claro (aunque en este caso lo que verdaderamente me marcó fue la peli en la versión de Elisabeth Taylor que creo que llegué a saberme de memoria).
14. Virginia Woolf, así, en general.
15. Manolito Gafotas, de Elvira Lindo. Aunque hoy no la soporte, hay que decir que me zampaba sus libros.
16. La poesía de T.S. Eliot, así en general también.
17. "Dulce et decorum est" de Wilfred Owen.
18. The Serpent and the Rope, de Raja Rao.
19. Brooklyn Follies, de Paul Auster
20. The History Man, de Malcolm Bradbury.

¿Y los vuestros?

Por cierto, igual un día me meto con los artículos o ensayos que han marcado mi vida, que también hay bastante que decir.

October 13, 2010

The Magus, John Fowles

Nunca he sabido responder de manera muy coherente a las preguntas del tipo "película/grupo de música/canción/color/número/autor-a/X favorito". Siempre me han recordado al "¿a quién quieres más, a mamá o a papá?" que se nos suele preguntar en nuestra infancia. Sin embargo, desde hace unos años, si me preguntan por mi libro favorito, la respuesta siempre es la misma: El mago, de John Fowles (The Magus, en su original inglés). Aunque tengo otros libros "favoritos", las casi setecientas páginas sobre Nicholas Urfe son las que más me han marcado en mi corta experiencia lectora.

Setecientas páginas, sí. Su extensión puede impresionar y asustar al principio, pero cuando se llega al final -y sé a ciencia cierta que no soy la única a la que le ha pasado- sólo desearías volver a empezar. Algunos fragmentos pueden hacerse un poco densos, pero el ritmo narrativo coge fuerza y la lectura se hace cada vez más llevadera cuando sobrepasamos el primer tercio del libro. No contaré nada sobre su argumento porque creo que es desvelar parte de su magia (valga la redundancia), pero si os atrevéis a leerlo creo que no os arrepentiréis.

Apto para: Amantes de Shakespeare, de Grecia, de la intertextualidad, de los juegos de mente, de los juegos narrativos y de la literatura que pregunta y rara vez responde.

No apto para: impacientes o personas que quieran una historia con una estructura narrativa clásica y lineal con principio y fin claramente delimitados.

Si tenéis oportunidad y os atrevéis, leedlo en inglés, pues la traducción al castellano es bastante mala.